Por Andrés Verdeguer - Miércoles, 14 de Abril de 2010

Bigott en menos de un año ha sacado a la luz dos álbumes –Fin (2009) y This is the beginning of a beautiful friendship (2010) – tan breves como sorprendentes con los que, con todo derecho, se ha puesto de su parte a los eruditos juntaletras musicales. La afición, mientras, va reaccionando. Si se tratase de una banda surgida de la fría escandinavia o del más insospechado rincón de Tennessee, que todo puede ser en esto de la universalización musical, estaríamos frente a una de las bandas del momento. Pero como son de Zaragoza ese proceso se hace pelín más largo, aunque ya se van saboreando los buenos resultados y todo son parabienes.

Grupo: Bigott
Fecha: 14/04/2010
Sala: Matisse
Ciudad:
Bigott, con el introvertido y peculiar Borja Laudo al frente, y una banda de lujo con Paco Loco (guitarra, slide, teclados) Muni Camón (teclados, coros), Clarin (bajo, coros) y Andrés Perruna (bateria) ofrece un producto de costosa clasificación y amplitud de referencias: Leonard Cohen, Bob Dylan, Adam Green, las pelis del oeste, armonías a lo Divine Comedy, e incluso una punta de los nuevos clásicos llamados Fleet Foxes.

Pero lo peor de todo es la poca coba que se dan. Con la dificultad de dar un concierto un miércoles de aniversarios republicanos, que menos que algún que otro guiño al público que se plantó en Matisse, que seguro que en la próxima ocasión aumenta. Pero no. Bigott se dedicó a desgranar su colección escasa de canciones sin excesivas ostentaciones, y ahí quedó: poco más de una hora de concierto en el que ofrecieron sobrados motivos y razones por las que se han convertido en banda de referencia en el último año.

Tienen un dominio sonoro preciso, bien engranado. La presencia en la banda de Paco Loco en eso se nota. Es capaz de con una señal decir, ajústate bien esa cejilla, y disfrutar extrayendo agudos de las cuerdas o ruidos del teclado. Las voces, empezando por la profundidad de la de Bigott, y los coros les dan enjundia a canciones dominadas por las versátiles acústicas. Canciones que son piezas breves demasiado medidas, y que en ocasiones para el directo se echa en falta mayor desarrollo.

Porque poco tienen que ver 'Dead mum walking' con 'Sparkle motion', 'New York S’Eveille' o con 'Algora campeón', y así, que pese a la diversidad y brevedad poco o nada hay de desdeñable. Sólo que la actitud, que mejor sería que el público se sintiese parte del concierto y no se quedase con la impresión de ver un acertadísimo ensayo de una pedazo de banda que ejecuta en público con demasiada discreción.
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